Traspasando el umbral de los sueños

La noche pasada prometía ser apacible: Me metí en la cama ya entrada la madrugada tras haber terminado mi último relato y darle muchas vueltas al siguiente, pues las Musas se resistían a acompañarme.

Acto seguido, cerré los ojos y comencé con mi ritual nocturno: Visualicé, en mi mullido colchón, todo lo que debía haber realizado durante el día y que no hice y, viceversa; por una vez, en mucho tiempo, y sin que sirva de precedente, se volvió a equilibrar la balanza tras el período que decidir bautizar como “Gris inestable casi negro”, pues así es como lo veía absolutamente todo sin excepción.

En un instante, me dejé abrazar por Morfeo sin oponer resistencia alguna e, inmediatamente, entré en una de las fases de sueño profundo, tanto que ni el Príncipe más encantador ni el Ogrito más ferocito habrían sido capaces de hacerme despertar.

Así, casi sin darme cuenta, comienzo a recorrer un universo mágico en el que poseo la capacidad de volar incluso más alto que los propios pájaros y de tocar las nubes con la punta de los dedos, mientras suenan los primeros acordes de mi canción favorita; aterrizo sin problemas, recorro campos de algodón de azúcar y bebo chocolate caliente de un riachuelo por el que nadan peces de caramelo. En definitiva, estar en ese lugar agradable, es una verdadera delicia para los sentidos.

Pero, de repente, mi sueño da un giro inesperado, ya que el paisaje cambia por completo: Ahora camino por un campo de girasoles, en el que se funden unos con otros y que ,en la lejanía, producen la sensación de haber sido pintados por el mismísimo Van Gogh.

Empiezo a sentir un calor exacerbado en medio de la plantación, pero, por suerte, me topo con un sendero por el que jamás he transitado; decido seguir la marcha sin pensar en las consecuencias que el hecho me podría acarrear. Pero, ¿qué consecuencias? Si el sueño es mío, en teoría, no debería acabar mal ¿no? Al menos, es lo que me decía para no tener miedo.

“Esther, no tengas miedo, venga, sé fuerte, que no pasa nada, si es tu historia…”, es lo que me iba repitiendo constantemente, pero la desazón no tardó en aparecer: Una niebla muy densa empezó a indicarme, indirectamente, que mi mundo de cuento de hadas se había evaporado dando lugar a otro ¿quizá de pesadilla?

Inmediatamente, quise rectificar mis pasos y retornar al riachuelo del chocolate caliente, pero me fue imposible, porque todo había desaparecido; así que, sin más remedio, seguí avanzando hasta que me dí de bruces contra un gran portón de madera, que contenía una inscripción personalizada: “Esthercilla, te estamos esperando. Traspasa el Umbral de los Sueños”.

Pero, ¿cómo era posible que supieran lo de “Esthercilla” si así solamente me llamaban mis amigos? ¿Quiénes serían mis anfitriones? ¿Qué era eso del Umbral de los Sueños y por qué tenía que traspasarlo? Vivía sumida en un mar de dudas y el sentimiento de miedo volvió a saludarme (sí, lo reconozco, soy una miedosa empedernida, cuando repartieron el miedo yo me lo cogí casi todo…).Conté hasta tres, me serené un poco y atravesé la puerta: Allí no había nada ni nadie, a excepción de un pequeño camino que me condujo a otra puerta similar a la anterior, aunque de unas dimensiones bastante más pequeñas. Nuevamente, otra inscripción: “Esthercilla, ya que has llegado hasta aquí, venga, traspasa el Umbral de los Sueños. No lo dudes. Firmado: 2P, M, R y S”.

¿Otra vez con lo de “Esthercilla”? Imposible que mis amigos se traigan tanto lío y no me hablen directamente. ¿Y eso de 2P, M, R y S? ¡Qué extraño! Se me ocurrió pensar en personas de mi entorno con esas iniciales y, que a su vez, se conocieran entre ellas, pero el latido agudo de mi corazón, anuló toda capacidad de razonar a causa del temor y fui incapaz de dar con el resultado del extraño acertijo. La presión era más fuerte por segundos, hasta el punto de hacerme perder el conocimiento por unos segundos.

Cuando desperté, me hallaba en el lugar de partida: Mi habitación – atalaya, mi sitio preferido para dar vida a mis personajes y, hablando de ellos, ¿sabéis quiénes estaban allí esperándome? Seguro que, llegados a este punto de la historia, habéis sido más avispados que yo.

Frente a mí, sentada en mi escritorio, pude observar la imagen de una muchacha con mirada nostálgica, que contaba las gotas y los goterones durante los días de lluvia en recuerdo de sus abuelos. ¡Sí, allí estaba la mismísima Princesa! Pero, no venía, sola: En su mano derecha se había posado un insecto vestido de rojo y negro y, en la izquierda, un pájaro cantor. ¡Claro, amigos, también le acompañaban Mariquita Pizpireta y el Ruiseñor! ¡Jo y hasta Petunia y el Sapo Azul – Grisáceo! ¡Qué genialidad! ¡Mis personajes reunidos en el mismo sueño – cuento! ¡Era algo inaudito! (al menos para mí)! Pero, ¿qué querrían decirme?, ¿Por qué me hicieron traspasar aquel umbral?

No tuve tiempo ni de intentar responder a mis interrogantes, ya que, Princesa, que se erigió en portavoz del grupo, no tardó en dirigirse a mí con un contundente “tenemos que hablar”. Aquel ” TE – NE – MOS QUE – HA – BLAR”, resonó fuertemente en todo mi cuerpo y, de nuevo, el nerviosismo se apoderó de mí. ¿Nerviosa de qué? ¿Por qué tendría que estar así? Esos personajes me pertenecían, yo los había creado, habían salido de mi imaginación y no me podían causar ningún daño ¿o quizá sí? Me vino, como un flash, a la mente, el desafortunado suceso de Augusto Pérez y Don Miguel de Unamuno en Niebla
. ¡Un personaje rebelándose contra su creador! ¡No, eso no me podía pasar a mí! ¡No estaba preparada para afrontar un golpe de esa envergadura!¡Me negaba a creer que pudiera suceder!

Todo era un ir y venir de pensamientos negativos, que me iban sumiendo en un verdadero mundo de pesadilla. ¡Mis personajes contra mí! ¡No, no, no…!

La chica de la nostalgia, al ver que no me encontraba nada bien, comenzó a hablarme en un tono cándido y sereno: “Esther, tranquilízate, de verdad. Te noto muy preocupada. No tienes nada que temer. Como tú misma has referido en voz alta, no estamos aquí para hacerte ningún mal. No somos otros “Augustos Pérez”. Relájate. Mira, bebe un poco de agua que te hemos traído del Manantial del Vergel de las Aguas Cristalinas.

No dudé ni un instante de las palabras tranquilizadoras de Princesa, una de mis criaturas más queridas, veía sinceridad en su mirada, así que pude relajarme del todo y bebí varios sorbos de agua.

A continuación tomó la palabra el anciano Sapo Azul – Grisáceo y se dirigió a mí diciéndome: “Querida amiga, queríamos que traspasaras el Umbral de los Suelos para que conocieras el lugar en el que habitamos cuando dejas de escribir sobre nosotros o nadie nos lee. Además, también nos sentíamos en la obligación de decirte un gracias mayúsculo, por habernos dado la vida para que otros nos puedan conocer, así que no tienes nada que temer”.

Ante tanto elogio, no fui capaz de articular palabra alguna y, ya, mi rostro se ocupó de hablar: Tenía una enorme sonrisa dibujada y es que, ¿es para menos si esos seres tan peculiares que has creado, con tanto cariño, salen por un momento de su universo para darte las gracias? ¡Pensadlo! ¡Os dejo que lo penséis con calma y me lo contáis!

Y, escucha, querida amiga, dijo, por último, la flor altiva, cuando creía que todo había terminado y era el momento de despertarse: “Recuerda, grábalo a fuego en tu corazón. No olvides jamás que para que se produzca una simbiosis perfecta entre creador y criaturas has de creer, con certeza, en tus historias”.

SIMBIOSIS, SIMBIOSIS, SIMBIOSIS…

Fue la palabra que me trajo de nuevo al mundo real de una manera estrepitosa. Abrí los ojos poco a poco, me hacía daño la claridad del sol cuando empezó a mandar los primeros rayos sobre mi ventana. Miré hacia mi mesita de noche y encontré algo que no había dejado la noche anterior: Era un híbrido entre girasol y margarita – o eso me parecía -, que tenía alrededor del tallo un nombre y unas palabras:

QUERIDA ESTHER:

LO QUE TIENES ANTE TUS OJOS, ES UN GIRAMAR, UNA EXTRAÑA MEZCLA DE GIRASOL Y MARGARITA, QUE SÓLO CRECE EN EL PARAJE MÁS ALTO DEL UMBRAL DE LOS SUEÑOS. TE LO HEMOS DEJADO MIENTRAS DORMÍAS PARA QUE TE ACUERDES DE NOSOTROS. DE TODOS MODOS, YA SABES DÓNDE ENCONTRARNOS CADA NOCHE; SIMPLEMENTE TIENES QUE ENCARGARTE DE CREAR UNA SIMBIOSIS PERFECTA. CREE EN LO QUE ESCRIBES. FIRMADO: 2P (Princesa y Petunia), M (Mariquita Pizpireta), R (Ruiseñor) y S (Sapo Azul – Grisáceo).

Tras leer y releer la nota con una alegría inmensa solamente acerté a decir

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

SIMBIOSIS

Dedicado a todos los lectores de mi pequeño universo, porque sin ellos Princesa, Petunia, Mariquita Pizpireta, Ruiseñor y Sapo Azul – Grisáceo no habrían podido atravesar el Umbral de los Sueños. Ellos ya forman parte de vuestro mundo y, en su nombre, os doy las gracias 🙂

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